viernes, 13 de junio de 2008

Censura y sociedades Parte 2

Esta es una pequeña radiografía del Grupo Clarín. Como se verá, la cosa es grave.
Al Grupo lo adueñan la señora Ernestina Herrera de Noble y los señores Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro.
Estas cuatro personas controlan, entre otras, las siguientes empresas: Artear, Canal 13, TN, Canal Volver, Radio Mitre, el 99 por ciento de Multicanal, el 60 por ciento de Cablevisión, varios canales del interior (Bariloche, Córdoba, Bahía Blanca), Canal Rural, el 30 por ciento de Pol-Ka, el 50 por ciento de Patagonik Film Group, el 30 por ciento de Ideas del Sur, el 50 de Televisión Satelital Codificada y el 50 por ciento de Torneos y Competencias.
En la gráfica, el grupo controla medios como Artes Gráficas Rioplatenses, una empresa de márketing directo, los diarios Clarín, Olé, La Razón, las revistas Elle, Genios, Jardín de Genios, Papel Prensa, en sociedad con el Estado y el Diario La Nación; los diarios La Voz del Interior y Día a Día de Córdoba, además de Los Andes de Mendoza y el 25 por ciento de la agencia de noticias DyN.
En otras áreas, el Grupo Clarín es dueño de cosas absolutamente distintas a los medios, como una empresa sobre kits escolares y tarjetas telefónicas, sitios de internet como clarin.com y masoportunidades.com; servicios de correo; ferias y exposiciones argentinas; 100x100 Fútbol; Gestión Compartida (empresa de administración de empresas), y la Comañía de Medios Digitales.
Con todos esos kioscos, es muy difícil para los redactores de Clarín, Olé o cualquier otro medio gráfico o para los periodistas de las radios o los canales de televisión quejarse o plantar una nota que no afecte a ninguno de los tentáculos del gran pulpo que es el grupo.
Ya saben, si Clarín se mete con alguien, es porque no es parte del multimedios.
Para la próxima, el Grupo Telefónica.

martes, 10 de junio de 2008

Censura y sociedades Parte 1

La censura en un medio no es algo que no ocurra fácilmente.
Tiene que ver con muchos factores. Si uno está en un medio privado, la censura está vinculada con los intereses de la empresa. Si es una empresa grande, es muy difícil que la censura no esté presente a cada momento. En esos casos, es obligación del periodista sopesar cada palabra antes de escribirla.
Ejemplos, sobran.
Clarín puede ser usado como paradigma. El Grupo Clarín, manejado con mano de hierro por la señora Ernestina Herrera de Noble, tiene tantas ramificaciones que a los periodistas les resulta muy complicado escribir allí.
"Fulanito la tiene difícil porque cada vez que escribe algo tiene que fijarse en no pisar los callos de nadie", dicen de los redactores del gran diario argentino.
En Clarín se juntan los dos sistemas de cable más importantes de la Argentina, compañías de telefonía celular y hasta Papel Prensa, el monopolio que maneja el insumo fundamental para cualquier periódico.
En esta última empresa, Clarín es socio del Estado Nacional y del otro diario más grande de la Argentina: La Nación.
Uno de los ejemplos más perfectos de censura, y hasta de presión sobre la justicia federal, fue y es el caso en el que se investiga si los hijos adoptivos de la viuda de Noble fueron nacidos en cautiverio durante la última dictadura militar y, por lo tanto, son vástagos de detenidos-desaparecidos.
El último juez que puso en aprietos a la señora de Noble fue el ex juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich. La campaña en contra de ese magistrado fue tal que no sólo debió renunciar a su cargo, sino que tuvo que afrontar varias causas en su contra.
En la actualidad, el caso de los hijos de Noble va rumbo a la solución más tranquilizadora (para el prestigio del diario) de la mano de una jueza más dócil.
La Nación también tiene sus cuestiones. Hace pocos meses uno de los hermanos de don Bartolomé Mitre (actual director del diario) fue encontrado ahorcado en su casa, aparentemente a manos de un taxi boy.
La víctima, de alta alcurnia, solía frecuentar a hombres de vida fácil y disipada y era considerado la oveja negra de los descendientes del fundador y ex presidente de la nación.
Su muerte poca difusión tuvo en las páginas del matutino. Y los ribetes policiales que la rodearon, mucho menos.
Podríamos seguir con las radios o con los canales de televisión, como Telefé, que en algún momento del gobierno de Carlos Menem fue el rey del rating. Allí, se cuidaban de no pisar los intereses de la empresa Telefónica de Argentina, mientras que a través de las radios Continental y FM HIT se promocionaban los programas de la televisión. Algo que hasta ese momento era inédito en los medios argentinos.
Los ejemplos sobran. Estos tres son apenas los más representativos. De todos modos, la lista no sería más larga. Y eso es porque los medios están en manos de unas pocas empresas, muchas de las cuales además de competir entre sí, son socias.

viernes, 30 de mayo de 2008

Freezer

Es habitual que en las redacciones hay quienes son puestos en el freezer.
La expresión indica que se trata de profesionales que por alguna razón determinada, por la empresa, son casi suspendidos de sus funciones. Es decir: ganan su sueldo, pero no trabajan.
Concurren al establecimiento, pero no hacen nada.
En La Nación, es habitual que alguien te diga que tal o cual "está en el freezer, y cuando uno está en el freezer NO ESCRIBE NI UNA COMA".
Así supe de gente que alguna vez fue jefe de deportes de ese centenario matutino que por no sé qué razón pasó al freezer. De ahí, tras algunos años, fue destinado a editar los suplementos zonales. Que es como el freezer, pero peor.
Sé muy bien que en la agencia de noticias oficial la costumbre de dejar gente congelándose es normal. De hecho, en ese lugar a cada cambio de gobierno le sigue un cambio general en la jefatura de la redacción. Entonces, quienes durante el gobierno de Duhalde eran jefes de política, en el gobierno de Kirchner pasan a espectáculos o a policiales o a la dudosa sección Mercosur.
Y, en su lugar, ponen a quienes sean más afectos al régimen. O menos combativos. O sea: si en una asamblea el redactor o la redactora tal hizo uso de la palabra para criticar a la conducción de la empresa, automáticamente pasa al freezer.
En muchos casos, en varias redacciones, se llega al extremo: le solicitan al redactor problemático que se tome todos los francos que tiene pendientes. Durante ese lapso la empresa consigue dos cosas: que durante un tiempo el escriba díscolo no joda y semanas para pensar a qué destino lo enviará. Ese lugar puede ser también secciones inocuas como deportes o información general, la gran cuna de los descastados.
Cabe acotar que, más allá del término freezer, los periodistas han acuñado otro término: el osario, el lugar de los cementerios donde van a parar los huesos de personas sin deudos.
"Este lugar es un osario. Cuando caés acá, nadie te reclama", me dijo el otro día un periodista en referencia al tercer piso de una redacción de las más pobladas del medio.
El que no pertenece al mundo del periodismo puede preguntar: "pero por qué no los echan?" Y yo respondo: por una sola razón: la indemnización. El periodista tiene un régimen especial por el cual durante el primer año de trabajo le corresponden doce sueldos: tres por pre aviso, tres por profesión peligrosa y uno por cada seis meses, más aguinaldo y vacaciones y no me acuerdo qué otras cosas.
Por ello, las indemnizaciones de quienes tienen más de diez años trabajando en una redacción suelen ser abultadas. A menos que la empresa no quiera pagarte y termines en juicio o con un arreglo extrajudicial. Que es la más de las veces.

jueves, 29 de mayo de 2008

Por qué?

Mi primer blog.
Eso es lo que es este espacio.
Hoy, 29 de mayo, me decidí por publicar lo que no puedo (no me dejan) escribir en el lugar en el que trabajo.
Quienes me lean, aquí pueden enterarse de las informaciones que no salen en algunos medios. Y de aquellos hechos que no son publicados porque carecen de sustento informativo.
También será el espacio en el que comparta situaciones personales, momentos de mis coberturas o análisis para entender por qué en el medio que me emplea hay noticias que no se publican.
Ya van casi tres lustros de periodista. Era hora de que empezara a escribir.
Bienvenidos.