Esta es una pequeña radiografía del Grupo Clarín. Como se verá, la cosa es grave.
Al Grupo lo adueñan la señora Ernestina Herrera de Noble y los señores Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro.
Estas cuatro personas controlan, entre otras, las siguientes empresas: Artear, Canal 13, TN, Canal Volver, Radio Mitre, el 99 por ciento de Multicanal, el 60 por ciento de Cablevisión, varios canales del interior (Bariloche, Córdoba, Bahía Blanca), Canal Rural, el 30 por ciento de Pol-Ka, el 50 por ciento de Patagonik Film Group, el 30 por ciento de Ideas del Sur, el 50 de Televisión Satelital Codificada y el 50 por ciento de Torneos y Competencias.
En la gráfica, el grupo controla medios como Artes Gráficas Rioplatenses, una empresa de márketing directo, los diarios Clarín, Olé, La Razón, las revistas Elle, Genios, Jardín de Genios, Papel Prensa, en sociedad con el Estado y el Diario La Nación; los diarios La Voz del Interior y Día a Día de Córdoba, además de Los Andes de Mendoza y el 25 por ciento de la agencia de noticias DyN.
En otras áreas, el Grupo Clarín es dueño de cosas absolutamente distintas a los medios, como una empresa sobre kits escolares y tarjetas telefónicas, sitios de internet como clarin.com y masoportunidades.com; servicios de correo; ferias y exposiciones argentinas; 100x100 Fútbol; Gestión Compartida (empresa de administración de empresas), y la Comañía de Medios Digitales.
Con todos esos kioscos, es muy difícil para los redactores de Clarín, Olé o cualquier otro medio gráfico o para los periodistas de las radios o los canales de televisión quejarse o plantar una nota que no afecte a ninguno de los tentáculos del gran pulpo que es el grupo.
Ya saben, si Clarín se mete con alguien, es porque no es parte del multimedios.
Para la próxima, el Grupo Telefónica.
viernes, 13 de junio de 2008
martes, 10 de junio de 2008
Censura y sociedades Parte 1
La censura en un medio no es algo que no ocurra fácilmente.
Tiene que ver con muchos factores. Si uno está en un medio privado, la censura está vinculada con los intereses de la empresa. Si es una empresa grande, es muy difícil que la censura no esté presente a cada momento. En esos casos, es obligación del periodista sopesar cada palabra antes de escribirla.
Ejemplos, sobran.
Clarín puede ser usado como paradigma. El Grupo Clarín, manejado con mano de hierro por la señora Ernestina Herrera de Noble, tiene tantas ramificaciones que a los periodistas les resulta muy complicado escribir allí.
"Fulanito la tiene difícil porque cada vez que escribe algo tiene que fijarse en no pisar los callos de nadie", dicen de los redactores del gran diario argentino.
En Clarín se juntan los dos sistemas de cable más importantes de la Argentina, compañías de telefonía celular y hasta Papel Prensa, el monopolio que maneja el insumo fundamental para cualquier periódico.
En esta última empresa, Clarín es socio del Estado Nacional y del otro diario más grande de la Argentina: La Nación.
Uno de los ejemplos más perfectos de censura, y hasta de presión sobre la justicia federal, fue y es el caso en el que se investiga si los hijos adoptivos de la viuda de Noble fueron nacidos en cautiverio durante la última dictadura militar y, por lo tanto, son vástagos de detenidos-desaparecidos.
El último juez que puso en aprietos a la señora de Noble fue el ex juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich. La campaña en contra de ese magistrado fue tal que no sólo debió renunciar a su cargo, sino que tuvo que afrontar varias causas en su contra.
En la actualidad, el caso de los hijos de Noble va rumbo a la solución más tranquilizadora (para el prestigio del diario) de la mano de una jueza más dócil.
La Nación también tiene sus cuestiones. Hace pocos meses uno de los hermanos de don Bartolomé Mitre (actual director del diario) fue encontrado ahorcado en su casa, aparentemente a manos de un taxi boy.
La víctima, de alta alcurnia, solía frecuentar a hombres de vida fácil y disipada y era considerado la oveja negra de los descendientes del fundador y ex presidente de la nación.
Su muerte poca difusión tuvo en las páginas del matutino. Y los ribetes policiales que la rodearon, mucho menos.
Podríamos seguir con las radios o con los canales de televisión, como Telefé, que en algún momento del gobierno de Carlos Menem fue el rey del rating. Allí, se cuidaban de no pisar los intereses de la empresa Telefónica de Argentina, mientras que a través de las radios Continental y FM HIT se promocionaban los programas de la televisión. Algo que hasta ese momento era inédito en los medios argentinos.
Los ejemplos sobran. Estos tres son apenas los más representativos. De todos modos, la lista no sería más larga. Y eso es porque los medios están en manos de unas pocas empresas, muchas de las cuales además de competir entre sí, son socias.
Tiene que ver con muchos factores. Si uno está en un medio privado, la censura está vinculada con los intereses de la empresa. Si es una empresa grande, es muy difícil que la censura no esté presente a cada momento. En esos casos, es obligación del periodista sopesar cada palabra antes de escribirla.
Ejemplos, sobran.
Clarín puede ser usado como paradigma. El Grupo Clarín, manejado con mano de hierro por la señora Ernestina Herrera de Noble, tiene tantas ramificaciones que a los periodistas les resulta muy complicado escribir allí.
"Fulanito la tiene difícil porque cada vez que escribe algo tiene que fijarse en no pisar los callos de nadie", dicen de los redactores del gran diario argentino.
En Clarín se juntan los dos sistemas de cable más importantes de la Argentina, compañías de telefonía celular y hasta Papel Prensa, el monopolio que maneja el insumo fundamental para cualquier periódico.
En esta última empresa, Clarín es socio del Estado Nacional y del otro diario más grande de la Argentina: La Nación.
Uno de los ejemplos más perfectos de censura, y hasta de presión sobre la justicia federal, fue y es el caso en el que se investiga si los hijos adoptivos de la viuda de Noble fueron nacidos en cautiverio durante la última dictadura militar y, por lo tanto, son vástagos de detenidos-desaparecidos.
El último juez que puso en aprietos a la señora de Noble fue el ex juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich. La campaña en contra de ese magistrado fue tal que no sólo debió renunciar a su cargo, sino que tuvo que afrontar varias causas en su contra.
En la actualidad, el caso de los hijos de Noble va rumbo a la solución más tranquilizadora (para el prestigio del diario) de la mano de una jueza más dócil.
La Nación también tiene sus cuestiones. Hace pocos meses uno de los hermanos de don Bartolomé Mitre (actual director del diario) fue encontrado ahorcado en su casa, aparentemente a manos de un taxi boy.
La víctima, de alta alcurnia, solía frecuentar a hombres de vida fácil y disipada y era considerado la oveja negra de los descendientes del fundador y ex presidente de la nación.
Su muerte poca difusión tuvo en las páginas del matutino. Y los ribetes policiales que la rodearon, mucho menos.
Podríamos seguir con las radios o con los canales de televisión, como Telefé, que en algún momento del gobierno de Carlos Menem fue el rey del rating. Allí, se cuidaban de no pisar los intereses de la empresa Telefónica de Argentina, mientras que a través de las radios Continental y FM HIT se promocionaban los programas de la televisión. Algo que hasta ese momento era inédito en los medios argentinos.
Los ejemplos sobran. Estos tres son apenas los más representativos. De todos modos, la lista no sería más larga. Y eso es porque los medios están en manos de unas pocas empresas, muchas de las cuales además de competir entre sí, son socias.
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